IBIZA 🇪🇸 (EN CONSTRUCCIÓN)
Ibiza no es solo una isla, es una forma de sentir. 🌊✨
Cuando pensamos en Ibiza, seguramente lo primero que nos viene a la cabeza son las playas, las fiestas y las noches interminables. Pero esta vez nuestra visita fue mucho más urbana: nos quedamos en la ciudad de Ibiza, y descubrimos que tiene mucho más que ofrecer de lo que imaginábamos.
Entre sus calles estrechas, sus casas blancas, sus rincones con historia y las vistas al Mediterráneo, Ibiza ciudad nos fue conquistando poco a poco. Y, por supuesto, no podía faltar Dalt Vila, su impresionante casco antiguo amurallado, que nos hizo viajar atrás en el tiempo mientras paseábamos sin rumbo fijo.
Una visita corta, pero suficiente para descubrir una ciudad con ese aire mediterráneo, desenfadado y especial que hace que Ibiza sea Ibiza.
Así que… maleta arriba y abajo, y nos vamos a descubrir la ciudad de Ibiza.
CIUDAD DE IBIZA
Si hablamos de Ibiza ciudad (Eivissa), podemos dividirla de forma sencilla en varias zonas,
Eixample de Vila 🏙️
La zona más moderna alrededor del centro histórico, con comercios, restaurantes y plazas.
PASSEIG VARA DE REÍ
Comenzamos el día desayunando en el Passeig de Vara de Rey, una de las zonas más bonitas y animadas del centro de Ibiza. Es un amplio paseo peatonal, rodeado de edificios señoriales de estilo colonial, tiendas, terrazas y restaurantes, que se convierte en uno de los puntos de encuentro de la ciudad.
Mientras desayunamos, aprovechamos para observar el ir y venir de la gente y disfrutar del ambiente. Es de esos lugares en los que apetece sentarse sin prisas y simplemente dejar pasar el tiempo.
Con el café y el desayuno ya hechos, ponemos rumbo a descubrir Ibiza ciudad. Y esto no ha hecho más que empezar…
TEATRO PEREIRA
Continuamos nuestra visita y hacemos una parada en el Teatro Pereira, uno de los edificios históricos más emblemáticos de Ibiza ciudad. Fue inaugurado en 1898 y durante décadas fue un importante punto de encuentro para los ibicencos, acogiendo espectáculos, cine y diferentes actividades culturales.
El edificio conserva ese aire clásico que llama la atención mientras paseamos por esta zona, aunque lo que más nos gusta es pensar en la cantidad de historias que habrán pasado por sus puertas a lo largo de los años.
Seguimos caminando y, poco a poco, vamos acercándonos a la parte más antigua de la ciudad. Las calles empiezan a hacerse más estrechas y empinadas y ya se respira ese ambiente especial que caracteriza a Dalt Vila.
Nos vamos adentrando en el casco histórico, preparados para descubrir uno de los grandes tesoros de Ibiza.
DALT VILA
Es la parte más histórica, dentro de las murallas renacentistas. Aquí están la Catedral, el Castillo, la Plaza de Vila y muchas callejuelas con muchísimo encanto.
PORTAL DE SES TAULES
Llegamos al Portal de ses Taules, una de las entradas más espectaculares de Dalt Vila y, sin duda, uno de esos lugares que no pasan desapercibidos.
Esta impresionante puerta forma parte de las murallas renacentistas que rodean el casco histórico de Ibiza y era uno de los antiguos accesos a la ciudad fortificada. Se encuentra entre los baluartes de Sant Joan y Santa Llúcia y, al cruzarla, tenemos la sensación de estar dejando atrás la Ibiza actual para adentrarnos de lleno en la parte más histórica de la ciudad.
Nos detenemos un momento para contemplar los detalles de la entrada, las murallas y las estatuas que la flanquean. Después de hacer las correspondientes fotos —porque esto es Maleta arriba y abajo y aquí no se puede pasar sin sacar la cámara— atravesamos el portal y comenzamos a subir por las calles empedradas de Dalt Vila.
Y ahora sí… empieza la parte más bonita de nuestra visita a Ibiza.
PLAZA DE LA VILA
Una vez atravesamos el Portal de ses Taules, seguimos subiendo por las calles empedradas de Dalt Vila hasta llegar a la Plaza de la Vila, uno de los rincones con más encanto del casco histórico de Ibiza.
La plaza está rodeada de antiguas casas blancas, pequeños restaurantes, terrazas y tiendas, todo ello dentro de las murallas. Es un lugar perfecto para parar un momento, mirar alrededor y disfrutar del ambiente tranquilo que se respira aquí.
Nos encanta cómo cada calle, cada puerta y cada rincón parece tener una historia detrás. Y aunque la subida se hace notar un poquito, merece totalmente la pena llegar hasta aquí.
PLAZA DEL SOL
Seguimos callejeando por Dalt Vila y llegamos a la Plaza del Sol, uno de esos rincones pequeños y con encanto que nos vamos encontrando mientras subimos por el casco antiguo.
La plaza está situada en una de las partes más altas de la ciudad y destaca por sus escaleras, sus casas blancas y ese ambiente tranquilo que contrasta con la Ibiza más conocida por su vida nocturna. Aquí todo invita a bajar un poco el ritmo, sentarnos en una terraza y disfrutar del entorno.
Además, desde esta zona tenemos unas vistas preciosas sobre la ciudad y el Mediterráneo. Nos quedamos un rato disfrutando del lugar.
MIRADOR PLAZA DE ESPAÑA
Después de disfrutar de la Plaza del Sol, decidimos cruzar Dalt Vila de oeste a este, dejándonos llevar por sus calles estrechas y empedradas.
El recorrido es una auténtica maravilla: callejuelas blancas, pequeñas plazas, fachadas encaladas, puertas de colores y rincones que aparecen casi por sorpresa. Algunas calles son bastante empinadas y tienen escaleras, pero vamos haciendo el recorrido tranquilamente, disfrutando más del camino que de llegar rápido a nuestro siguiente punto.
A cada paso vamos encontrando nuevos detalles y, sobre todo, ese ambiente tan especial que tiene la parte antigua de Ibiza. Aquí no hay que tener demasiada prisa: lo bonito es perderse un poquito y dejarse sorprender.
Continuamos hasta llegar a la Plaza de España, donde hacemos una parada para disfrutar de las vistas y contemplar Ibiza desde otra perspectiva. Desde aquí entendemos perfectamente por qué Dalt Vila es uno de los lugares imprescindibles de la ciudad.
MIRADOR DE LA CATEDRAL
Desde la Plaza de España seguimos nuestro recorrido hasta llegar al mirador de la Catedral, uno de los puntos que más nos gusta de Dalt Vila.
Y aquí toca hacer una pequeña pausa, porque las vistas lo merecen. Desde lo alto podemos contemplar el Mediterráneo, el puerto de Ibiza y buena parte de la ciudad, con los tejados y las murallas de Dalt Vila en primer plano.
Nos quedamos un rato disfrutando del paisaje y, por supuesto, hacemos unas cuantas fotos. Después de recorrer las callejuelas del casco antiguo, llegar hasta aquí es como poner la guinda a la visita: Ibiza a nuestros pies y el mar como telón de fondo.
CATEDRAL
Y llegamos a uno de los grandes protagonistas de Dalt Vila: la Catedral de Santa María de las Nieves. Situada en lo más alto del casco histórico, es imposible no fijarse en ella mientras recorremos las calles empedradas.
Su origen se remonta al siglo XIII, aunque el edificio que vemos hoy es fruto de diferentes etapas y reformas. Su exterior, de aspecto sobrio y fortificado, encaja perfectamente con el carácter de Dalt Vila. En el interior encontramos un estilo gótico, con elementos añadidos a lo largo de los siglos.
Nos tomamos nuestro tiempo para contemplarla y disfrutar del entorno que la rodea. Y es que aquí no solo merece la pena mirar la Catedral, sino también levantar la vista y descubrir las vistas que tenemos desde este punto privilegiado de Ibiza.
BALUARTE DE SAN BERNANDO
Seguimos recorriendo la parte alta de Dalt Vila y llegamos al Baluarte de Sant Bernat, uno de los ocho baluartes que forman parte de las impresionantes murallas renacentistas de Ibiza.
Nos acercamos hasta el borde de la muralla y, una vez más, nos encontramos con unas vistas que nos dejan con la boca abierta. Desde aquí podemos contemplar el Mediterráneo, el puerto y buena parte de la ciudad, mientras las antiguas murallas nos recuerdan el carácter defensivo que tuvo Dalt Vila durante siglos.
Los baluartes que encontramos a lo largo de las murallas son Sant Pere, Sant Jaume, Sant Jordi, Sant Joan, Santa Llúcia, Santa Tecla, Santa Eulàlia y Sant Bernat. Cada uno ocupa una posición estratégica y, recorriéndolos, vamos descubriendo diferentes perspectivas de Ibiza.
Nosotros seguimos nuestro paseo por las murallas, disfrutando de las vistas y haciendo fotos a cada poco. Porque, sinceramente, aquí es difícil no parar cada dos minutos.