AMSTERDAM 🇳🇱   (En construcción) 

“Ámsterdam, la ciudad de los canales y las bicicletas.”

 


RUTA 4 DÍAS 


DIA 1 - ÁMSTERDAM 


BARRIO DE JORDAN 

Paseando por Jordaan, el barrio con más encanto de Ámsterdam

Nuestra aventura por Ámsterdam comenzó en Jordaan, uno de esos barrios que parecen sacados de una postal. Nada más cruzar sus calles, entendimos por qué está considerado uno de los rincones más bonitos y auténticos de la ciudad. Aquí no encontramos grandes avenidas ni monumentos imponentes; el verdadero atractivo está en perderse sin rumbo entre canales, puentes y casas inclinadas que parecen desafiar las leyes de la gravedad.


Mientras caminábamos, nos llamó la atención el ambiente tranquilo que se respiraba. A diferencia de otras zonas más concurridas de Ámsterdam, Jordaan conserva ese aire de barrio donde los vecinos se saludan, las bicicletas descansan apoyadas junto a los canales y las flores decoran las fachadas como si estuvieran compitiendo por ser la más bonita.


Cada calle escondía una sorpresa. Pequeñas tiendas con escaparates originales, cafeterías acogedoras que invitaban a entrar aunque acabáramos de desayunar y rincones perfectos para detenernos a hacer fotos. Confesamos que más de una vez nos quedamos embobados contemplando el reflejo de las casas sobre el agua mientras pasaban silenciosamente algunas barcas.


Lo mejor de Jordaan es precisamente eso: no hace falta tener un plan. Basta con caminar despacio, cruzar puentes, asomarse a los canales y dejar que el barrio haga el resto. Nosotros terminamos descubriendo algunos de los rincones más fotogénicos de todo el viaje sin haberlos buscado en ninguna guía.


Si visitáis Ámsterdam, os recomendamos empezar aquí. Jordaan tiene la capacidad de enamorar desde el primer minuto y de mostrar la ciudad más auténtica, esa que va mucho más allá de los tópicos y que hace que queramos volver una y otra vez.


CASA DE ANNE FRANK

La Casa de Ana Frank: una visita que deja huella

Uno de los lugares que más ganas teníamos de visitar en Ámsterdam era la Casa de Ana Frank. Habíamos leído mucho sobre su historia, pero nada nos preparó para la emoción que sentimos al encontrarnos frente al edificio donde Ana Frank y su familia permanecieron escondidos durante más de dos años.


La historia comienza en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial. Ana Frank era una adolescente judía de origen alemán que vivía en Ámsterdam junto a su familia. Cuando la ocupación nazi hizo cada vez más peligrosa la vida de los judíos, los Frank decidieron esconderse en un anexo secreto situado detrás de las oficinas de la empresa de Otto Frank, el padre de Ana.


Aquel escondite, conocido hoy como la Casa de Ana Frank, permaneció oculto gracias a una estantería giratoria que disimulaba la entrada. Allí convivieron ocho personas en un espacio reducido, con la constante preocupación de ser descubiertas. Durante el día apenas podían hacer ruido, ya que los trabajadores de las oficinas seguían desarrollando su actividad en el edificio.


Fue en ese lugar donde Ana escribió el famoso diario que acabaría convirtiéndose en uno de los testimonios más conmovedores de la Segunda Guerra Mundial. En sus páginas relató sus miedos, sus sueños, las dificultades de la convivencia y también las esperanzas de una joven que, pese a las circunstancias, seguía creyendo en la bondad humana.


Mientras recorríamos las habitaciones vacías del escondite, resultaba imposible no imaginar cómo era la vida allí dentro. Los espacios son pequeños, los techos parecen bajos y la sensación de aislamiento es evidente. Sin embargo, lo que más impresiona es pensar que una adolescente fue capaz de transmitir tanta humanidad desde un lugar marcado por el miedo.


En agosto de 1944, tras una denuncia que aún hoy sigue siendo objeto de debate, los ocupantes del escondite fueron descubiertos y arrestados por la Gestapo. Ana y su hermana Margot fueron deportadas al campo de concentración de Bergen-Belsen, donde fallecieron pocos meses antes del final de la guerra. Otto Frank fue el único superviviente del grupo y, tras la guerra, se encargó de publicar el diario de su hija, permitiendo que su voz llegara a millones de personas en todo el mundo.


La visita a la Casa de Ana Frank no es simplemente una parada turística. Es una experiencia que invita a reflexionar sobre la intolerancia, la persecución y las consecuencias del odio. Al salir, nos llevamos mucho más que unas fotografías: nos llevamos una historia que sigue emocionando y enseñando generaciones después.


WESTERKERK

Westerkerk, la iglesia que acompañó a Ana Frank

Justo al lado de la Casa de Ana Frank se alza la imponente Westerkerk, una de las iglesias más famosas de Ámsterdam y un lugar cargado de historia. Su elegante torre de casi 85 metros de altura domina el paisaje de Jordaan y se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad.


Mientras paseábamos por la plaza, resultaba imposible no fijarse en su campanario. De hecho, las campanas de la Westerkerk tienen una conexión muy especial con Ana Frank. Durante los años que permaneció escondida en el anexo secreto, Ana escuchaba a menudo sus campanadas y las menciona varias veces en su diario. En medio del miedo y la incertidumbre, aquel sonido se convirtió para ella en un pequeño recordatorio de que la vida seguía existiendo más allá de las paredes del escondite.


La iglesia fue construida entre 1620 y 1631 siguiendo el estilo renacentista holandés y está considerada una de las iglesias protestantes más importantes de los Países Bajos. Su interior destaca por la amplitud, la luminosidad y la sobriedad características de la tradición calvinista.
Uno de los datos más curiosos es que aquí se encuentra enterrado el célebre pintor Rembrandt van Rijn. Aunque la ubicación exacta de su tumba se desconoce, se sabe que fue sepultado en esta iglesia en 1669, lo que añade aún más valor histórico al lugar.


Si tenéis ocasión de subir a la torre, las vistas son espectaculares. Desde lo alto se obtiene una panorámica única de los canales, los tejados inclinados de Ámsterdam y el entramado de calles del barrio de Jordaan. Es una de esas experiencias que permiten comprender mejor la belleza y la singularidad de la ciudad.


Para nosotros, la visita a la Westerkerk fue mucho más que admirar un monumento histórico. Después de recorrer la Casa de Ana Frank, escuchar las campanas y contemplar la torre que ella veía desde su escondite nos ayudó a conectar todavía más con su historia y con una parte fundamental de la memoria de Ámsterdam.


PLAZA DAM

La Plaza Dam, el corazón de Ámsterdam

Después de recorrer los tranquilos canales de Jordaan y conocer la conmovedora historia de Ana Frank, nos dirigimos hacia la Plaza Dam, el auténtico corazón de Ámsterdam. Es uno de esos lugares por los que, tarde o temprano, acaba pasando todo visitante.


Nada más llegar nos encontramos con una plaza llena de vida. Turistas, artistas callejeros, ciclistas sorteando a los peatones y grupos de personas sentadas disfrutando del ambiente crean una escena vibrante a cualquier hora del día. Aquí se percibe la energía de una ciudad moderna que no olvida su pasado.


La Plaza Dam debe su nombre a la presa (“dam” en neerlandés) que se construyó sobre el río Amstel en el siglo XIII y que dio origen a la ciudad. Lo que hoy es una amplia plaza fue, hace siglos, el lugar donde comenzó a crecer Ámsterdam como importante centro comercial.


IGLESIA NUEVA


PALACIO REAL


BEURSPASSAGE


BOLSA DE AMSTERDAM 


CASAS DANZANTES


BARRIO ROJO 


DIA 2 - AMSTERDAM 


MERCADO DE LAS FLORES


MUNTTOREN


BARRIO JUDÍO


PUENTE BLAUWBRUG


REMBRANDTPLEIN


THE SEVEN BRIDGES


LAS NUEVE CALLES


BEGIJNHOF


HEINEKEN EXPERIENCE


DIA 3 -  NORESTE 


JOHAN CRUIJFF ARENA


ZAANDAM


ZAANSE SCHANS 


EDAM


VOLENDAM


DIA 4 - SUROESTE 


HAARLEM


LA HAYA


RÓTERDAM


KINDERDIJK


CONCLUSION