ROTTERDAM/LA HAYA Y ALREDEDORES 🇳🇱

"Róterdam, donde el futuro convive con la historia".


DIA 4 - SUROESTE 


HAARLEM

El día comenzaba, saliendo de la ciudad para desayunar. Y decidimos hacerlo en este bonito lugar.

Nada más llegar nos encontramos con un centro histórico lleno de encanto, donde las calles empedradas, los canales y las fachadas de ladrillo crean una imagen típicamente neerlandesa. Es una ciudad que invita a caminar sin un rumbo fijo, descubriendo plazas, patios escondidos y pequeños rincones que aparecen casi por casualidad.


El corazón de Haarlem es la Grote Markt, una plaza amplia y llena de vida rodeada de edificios históricos, terrazas y cafeterías. Aquí nos detuvimos un buen rato para disfrutar del ambiente mientras contemplábamos la impresionante Iglesia de San Bavón, uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad.

Paseando junto a los canales entendimos por qué muchos neerlandeses consideran Haarlem una de las ciudades más bonitas del país. Tiene la belleza de Ámsterdam, pero con un ritmo mucho más tranquilo, lo que permite disfrutar de cada rincón con calma.


Para nosotros, Haarlem fue una de las grandes sorpresas del viaje. Es una excursión muy fácil desde Ámsterdam y una opción perfecta para quienes quieran descubrir una ciudad elegante, llena de historia y con un ambiente acogedor que enamora desde el primer paseo.


LA HAYA

Al pasar por La Haya, nos paramos en el tribunal penal internacional.

Un organismo conocido en todo el mundo por juzgar a personas acusadas de algunos de los crímenes más graves, como genocidio, crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y, más recientemente, el crimen de agresión.


Aunque muchas personas piensan que se puede visitar como un museo, la realidad es que el edificio no está abierto al turismo de forma habitual. Aun así, acercarnos hasta su sede nos permitió comprender por qué La Haya es conocida como la capital internacional de la paz y la justicia.


Es importante no confundir el Tribunal Penal Internacional con la Corte Internacional de Justicia, que también tiene su sede en La Haya, pero desempeña una función diferente. Mientras la Corte Internacional de Justicia resuelve disputas entre Estados, el Tribunal Penal Internacional juzga a personas acusadas de cometer los delitos internacionales más graves.


Nos resultó muy interesante descubrir que, desde este lugar, se llevan a cabo investigaciones y juicios con repercusión mundial, relacionados con conflictos y violaciones de los derechos humanos ocurridos en distintos países. Es un edificio discreto por fuera, pero con una enorme importancia a nivel internacional.


Aunque no sea una visita turística al uso, creemos que merece la pena acercarse si os interesa la historia reciente, el derecho internacional o simplemente queréis conocer uno de los lugares que han convertido a La Haya en un referente mundial en la defensa de la justicia.


SCHEVENINGEN

Si hay un lugar donde cuesta creer que seguimos en los Países Bajos, ese es Scheveningen. A solo unos minutos del centro de La Haya, este antiguo pueblo pesquero se ha convertido en el destino de playa más famoso del país y en una escapada perfecta para cambiar por completo de ambiente.


Nada más llegar nos sorprendió la inmensa playa de arena, que parece no tener fin. Aunque el agua del mar del Norte es bastante fresca durante gran parte del año, siempre hay gente paseando, haciendo deporte, tomando el sol cuando el tiempo lo permite o simplemente disfrutando de la brisa marina.


El gran protagonista es su emblemático muelle, que se adentra en el mar y ofrece unas vistas espectaculares de la costa. Pasear por él es casi obligatorio, ya que además de restaurantes y terrazas, alberga una noria panorámica desde la que se obtiene una perspectiva diferente de la playa. Si os gusta la adrenalina, incluso hay una tirolina que cruza sobre el mar.


El paseo marítimo está lleno de vida, con numerosos bares, cafeterías y restaurantes donde sentarse a disfrutar del ambiente. Nosotros aprovechamos para caminar sin prisa junto a la orilla, viendo cómo las olas rompían en la playa mientras decenas de personas practicaban deportes acuáticos o simplemente paseaban con sus perros.


Aunque hoy es un destino muy turístico, Scheveningen sigue conservando parte de su tradición pesquera, algo que se aprecia en su puerto y en la oferta gastronómica, donde el pescado y el marisco son los grandes protagonistas.


Para nosotros, Scheveningen fue una de las sorpresas del viaje. Es el lugar perfecto para desconectar durante unas horas, respirar aire puro y descubrir una faceta de los Países Bajos que muchas veces pasa desapercibida. Si visitáis La Haya, creemos que merece muchísimo la pena acercarse hasta aquí y disfrutar de su ambiente junto al mar.


ROTERDAM

Después de visitar ciudades históricas como Ámsterdam o La Haya, llegar a Róterdam fue como descubrir unos Países Bajos completamente diferentes. Aquí predominan los rascacielos, los edificios de arquitectura vanguardista y un ambiente moderno que rompe con la imagen tradicional de canales y casas estrechas que solemos asociar al país.


La explicación está en su historia. Durante la Segunda Guerra Mundial, gran parte del centro de Róterdam quedó destruido tras los bombardeos de 1940. En lugar de reconstruir la ciudad tal y como era, se apostó por mirar al futuro y convertirla en un laboratorio de arquitectura moderna. El resultado es una ciudad innovadora, llena de edificios sorprendentes y con una personalidad única.


Paseando por sus calles fuimos encontrando algunos de sus iconos más conocidos. 


CASAS CUBO

Las habíamos visto muchas veces en fotografías, pero estar frente a ellas es otra historia. Lo primero que pensamos fue: ¿de verdad alguien puede vivir ahí dentro?
Estas originales viviendas fueron diseñadas por el arquitecto Piet Blom en la década de 1980 con una idea muy curiosa: representar un bosque.

Cada cubo simboliza la copa de un árbol y los pilares hexagonales hacen de troncos, formando un conjunto que el arquitecto definía como un “bosque urbano”.


Lo más llamativo es que las casas están inclinadas 45 grados, apoyadas sobre uno de sus vértices. Desde cualquier ángulo parecen desafiar las leyes de la gravedad y es inevitable darles la vuelta varias veces buscando la mejor foto.


Nosotros no quisimos quedarnos solo con la vista exterior y entramos en la Casa Cubo Museo, donde pudimos descubrir cómo es vivir en un espacio tan peculiar.

Aunque por fuera parecen enormes, el interior está de una forma muy ingeniosa para aprovechar cada rincón. Eso sí, después de subir y bajar sus escaleras y recorrer sus habitaciones inclinadas, llegamos a la misma conclusión: ¡no debe de ser fácil colocar un armario o un sofá!

Si paseáis por Róterdam, creemos que son una parada imprescindible, tanto para admirar una de las obras de arquitectura más famosas de los Países Bajos como para comprobar que, a veces, las casas también pueden convertirse en auténticas obras de arte.


MARKET HALL

Si hay un lugar en Róterdam que consigue reunir arquitectura, gastronomía y mucho ambiente bajo un mismo techo, ese es el Markthal.

Antes de entrar ya nos dejó con la boca abierta. Su enorme edificio en forma de herradura, con un gigantesco arco de cristal en ambos extremos, es uno de los iconos más reconocibles de la ciudad.


Pero lo mejor nos esperaba dentro. Nada más cruzar la entrada levantamos la vista y entendimos por qué este mercado es tan famoso. El techo está cubierto por una impresionante obra de arte de más de 11.000 metros cuadrados, conocida como el “Cuerno de la Abundancia”, donde enormes frutas, flores, verduras e insectos parecen flotar sobre nuestras cabezas. Es imposible no quedarse unos minutos admirando semejante espectáculo.


Después llegó la parte más difícil… decidir qué comer. El Markthal reúne decenas de puestos con cocina de todo el mundo, quesos, embutidos, dulces, productos locales y especialidades internacionales. Es uno de esos sitios donde apetece probar un poco de todo y donde los aromas hacen que sea casi imposible salir con el estómago vacío.


Además del mercado, el edificio alberga apartamentos y un aparcamiento subterráneo, lo que demuestra una vez más la capacidad de Róterdam para combinar diseño, funcionalidad y modernidad en un mismo espacio.


Para nosotros, el Markthal fue mucho más que un mercado. Es un lugar donde merece la pena entrar aunque no tengáis pensado comprar nada. Ya sea para comer, hacer unas fotos o simplemente disfrutar de una de las obras arquitectónicas más originales de los Países Bajos, creemos que es una visita imprescindible durante un recorrido por Róterdam.


PUERTO

Hablar de Róterdam es hablar de su puerto. De hecho, gran parte de la ciudad gira en torno a él. Con más de 40 kilómetros de longitud, es el mayor puerto de Europa y uno de los más importantes del mundo, una auténtica puerta de entrada para mercancías procedentes de todos los continentes.


Cuando nos acercamos a la zona portuaria entendimos enseguida la magnitud del lugar. Barcos de carga gigantescos, modernas terminales, grúas de dimensiones impresionantes y un constante movimiento de embarcaciones hacen que siempre haya algo que observar. Es un paisaje muy diferente al de los canales tranquilos de otras ciudades neerlandesas.


Una de las mejores formas de descubrir el puerto es haciendo un paseo en barco. Desde el agua se aprecia mucho mejor la enorme actividad que se desarrolla a diario y se obtienen unas vistas magníficas del skyline de Róterdam, con sus rascacielos, puentes y edificios de arquitectura vanguardista.


Durante el recorrido también comprendimos la enorme importancia que ha tenido el puerto en el crecimiento de la ciudad. Gracias al comercio marítimo, Róterdam se convirtió en uno de los grandes motores económicos de Europa y, aún hoy, sigue siendo una pieza clave para el transporte internacional.


Para nosotros, visitar el puerto fue una experiencia muy recomendable. No solo por sus impresionantes dimensiones, sino porque permite descubrir una faceta diferente de Róterdam, una ciudad moderna que ha sabido crecer mirando siempre al mar y que encuentra en su puerto una de sus principales señas de identidad.

Para nosotros, Róterdam es una ciudad que sorprende por todo lo que tiene que ver y hacer. Es dinámica, innovadora y muy diferente al resto del país.


KINDERFIJF

Si hay un lugar que representa la imagen más tradicional de los Países Bajos, ese es Kinderdijk.

Nada más llegar entendimos por qué está considerado uno de los paisajes más bonitos y fotografiados del país.

Ver una hilera de molinos de viento perfectamente alineados junto a los canales es una de esas imágenes que llevábamos años viendo en postales… y que impresiona todavía más en persona.


Lo que más nos gustó fue recorrer la zona caminando, sin prisas, disfrutando del silencio y del sonido del viento moviendo las aspas de los molinos. A cada paso aparecía una nueva perspectiva que invitaba a detenerse para hacer una foto. Es uno de esos lugares donde resulta difícil guardar la cámara.


Los 19 molinos que se conservan fueron construidos en el siglo XVIII para controlar el nivel del agua y evitar las inundaciones, una tarea fundamental en un país donde gran parte del territorio se encuentra por debajo del nivel del mar. Gracias a este ingenioso sistema hidráulico, Kinderdijk fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y sigue siendo un ejemplo de la lucha de los neerlandeses contra el agua.


Además de pasear, también es posible entrar en alguno de los molinos para descubrir cómo vivían los molineros y conocer de cerca el funcionamiento de estas impresionantes construcciones.


Para nosotros, Kinderdijk fue uno de los lugares más especiales del viaje. Es la imagen de los Países Bajos que todos tenemos en la cabeza: molinos, canales, prados verdes y una tranquilidad que invita a disfrutar del paisaje sin mirar el reloj. Si estáis preparando una ruta por el país, creemos que esta visita es absolutamente imprescindible.


CONCLUSIÓN

Y aquí termina nuestro viaje por los Países Bajos. Ha sido una escapada corta, pero muy intensa, en la que hemos descubierto que este país es mucho más que molinos, tulipanes y canales.


Nos hemos enamorado del ambiente de Ámsterdam, nos ha sorprendido la arquitectura moderna de Róterdam y hemos disfrutado recorriendo pueblos con tanto encanto como Zaanse Schans, Edam, Volendam, Haarlem o Kinderdijk.

Cada lugar nos ha mostrado una cara diferente del país y nos ha dejado con la sensación de que aún nos queda muchísimo por descubrir.


Nos marchamos con la certeza de que volveremos. La próxima vez queremos recorrer los interminables campos de tulipanes en plena floración, explorar el este del país y seguir descubriendo esos rincones menos conocidos que hacen que cada viaje sea especial.


Porque si algo nos ha enseñado esta aventura es que los Países Bajos siempre tienen algo nuevo que ofrecer. Y, como ocurre con los destinos que de verdad nos conquistan, no sentimos que sea un adiós… sino un hasta pronto.

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